Historia

La leyenda de Krčma

Donde hoy, en la calle Kostečná, se reúnen viajeros y vecinos ante una cerveza y una vela, dicen que ya se alzaba una taberna cuando la Ciudad Vieja apenas aprendía el trazado de sus callejones.

Se cuenta que las bodegas en las que ahora está sentado recuerdan el siglo XIV. Aquí se reunían carreteros y mercaderes que iban al mercado de la Ciudad Vieja, artesanos de los talleres cercanos y estudiantes que preferían este lugar a las clases. Dicen que el tabernero preparaba un hidromiel según una receta que jamás reveló a nadie y que, según la leyenda, solo se transmitía de viva voz, de tabernero a tabernero.

Pasaron los siglos, la casa sobre las bodegas cambió, pero las bóvedas resistieron. Cuando volvimos a abrirlas en octubre de 2007, estaban llenas de escombros y de olvido. Durante un año limpiamos la piedra, devolvimos la madera maciza a su sitio y buscamos la manera de conservar el carácter original del lugar dentro de las normas de higiene actuales, para que una taberna siguiera siendo una taberna, solo que una en la que se pueda cocinar y celebrar con seguridad.

En octubre de 2008 abrimos de nuevo las puertas de la calle Kostečná. Las velas volvieron a arder, de la cocina llega el aroma del gulash y en las mesas largas se encuentran, como hace siglos, personas de todas partes. La leyenda continúa, y ahora usted forma parte de ella.

«Una buena taberna no se reconoce por su letrero, sino porque nadie quiere marcharse a casa.» — viejo refrán de taberneros

Venga a probar la leyenda